Tecnología | El internet de las cosas



¿Cuántos dispositivos conectados a internet tienes en este preciso momento? Si estás leyendo esto, posiblemente lo hagas desde tu portátil, pero sin duda lo está tu teléfono. Quizás también una tablet, un televisor, una consola de videojuegos o tu reloj. Si el nombre del producto contiene la palabra smart, es casi seguro que lo está.

La empresa Cisco, líder mundial en telecomunicaciones, proyecta que en el 2020 habrá más de 50 billones de dispositivos conectados a internet. Una media de 6 productos por persona. El concepto específico en el campo tecnológico que busca transformar objetos comunes en productos smart es denominado Internet de las cosas (IoT o Internet of Things, en inglés).

El internet de las cosas está cambiando el mundo y también nuestro comportamiento. Estamos siendo monitorizados por millones de sensores a lo largo del día y en un futuro nada lejano, nuestros objetos tendrán más información nuestra que nuestros propios padres.

El avance de esta tecnología va poco a poco. El problema principal reside en la recepción de toda esta innovación en el mercado. Los productos tienen que fabricarse a gran escala para poder rebajar los costos de producción. Hay que añadir a la lista de materiales de fabricación una serie de componentes electrónicos, un procesador, una memoria, un sistema operacional entre otras cosas. La realidad es que sin demanda, no hay fabricantes dispuestos a hacerlo.

El ingeniero de software de PSafe, Dzmitri Prychyna, lo explica así: "El mercado aún no está preparado y convencido sobre la necesidad de este tipo de productos. La realidad de las smart cosas está próxima a suceder, pero la mayoría de las personas aún no está dispuesta a comprar y convivir con ese nuevo concepto en sus objetos".

Dejando de lado la problemática actual, las ventajas pueden ser muchas. Pensemos en un tipo de objeto presente en cada espacio en el que estamos... ¡luminarias! Tenemos luminarias en cada ambiente de nuestras casas y en el trabajo. Están en cada lugar al que vamos y hasta en la calle. Son el tipo de objeto que más nos rodea.

Hoy, muchas de ellas ya cuentan con chips. Sensores que captan el movimiento, la dirección, la luz ambiental, su ubicación, el estado de su vida útil, su funcionamiento... entre otras. La información recopilada es directamente subida a internet para que desde una aplicación podamos revisarla y tomar una acción.

Pongamos un ejemplo clásico: olvidamos apagar las luces al salir de casa. Lo que haríamos en un futuro sería entrar a una aplicación para comprobarlo y enviar una orden para que se apaguen. Así de simple, pero vaya... ¡cuánto nos hemos ahorrado!

Las ventajas de poder comunicarnos con nuestros objetos y de que estos se puedan comunicar entre sí son muchas. En el caso de la iluminación estas son sólo algunas:

  • Gestión de energía

Los datos almacenados nos permitirán saber el comportamiento del usuario. Con esta información podremos bajar intensidades en espacios de poca afluencia, apagar aquellas en desuso y empezar a tener más presente su consumo.


  • Estrategias de seguridad

Los sensores que captan movimiento pueden encender luces, comunicarse con cámaras de seguridad o enviar alertas a nuestros teléfonos. Podremos programar las luminarias para que se enciendan de forma aleatoria y en determinadas horas simulen nuestro comportamiento dentro de casa cuando no estamos.


  • Mantenimiento 

No tendremos sorpresas respecto a su funcionamiento. Podremos monitorear la vida útil de cada foco y antes de que deje de funcionar, solicitar la compra de uno nuevo. Quizás el mensaje sea enviado al fabricante y nos llegue alguna promoción.


  • Señalización

Dado que también se comunican con otros objetos podrían indicarnos exactamente dónde se encuentra el producto que necesitamos en el caso de una tienda. También dar información sobre si un puesto de trabajo o sala de reuniones se encuentra disponible en la oficina. Empezamos a verlo en los estacionamientos indicándonos cuando una plaza esta libre para aparcar.


  • Datos de afluencia

Nos podrán indicar las zonas con mayor concentración de personas por días y por horas. Analizando los resultados podríamos adecuar la iluminación y, a largo plazo, supondría un ahorro.


  • Personalización 

Podremos ajustar la dirección, intensidad y temperatura de color de la luz en cada lugar. Por ejemplo, podremos indicar a nuestros dispositivos que estamos por llegar a casa y que deben encenderse de determinada manera. Lo mismo ocurriría en espacios de trabajo.


  • Ciclo circadiano

De acuerdo a la hora del día, la temperatura de color de cada luminaria empezaría a variar simulando en un interior la luz exterior. Con ello evitamos alterar nuestro ciclo circadiano y tantos problemas que ello conlleva.


  • Limpieza

Cuando abandonemos determinados ambientes podrá encenderse la luz ultravioleta. Este tipo de iluminación funciona como un excelente germicida y, acompañado de una buena limpieza, puede asegurar un suministro de aire limpio.

Bajo mi prisma, el sector de iluminación donde empezamos a observar estos beneficios a mayor escala es el urbano. Es increíble lo que se puede hacer para el beneficio de todos. Ciudades como Los Angeles, Siegburg y recientemente Buenos Aires empiezan a utilizar sistemas como CityTouch de Philips.

Estos son solo algunos puntos, se trata de una nueva tecnología y como tal podrá tener más aplicaciones de las que ahora imaginamos. Nos guste o no, es algo que esta sucediendo y que tardará muy poco en estar en cada uno de nuestros objetos.

         
Algunos links de interés:
  • Video CityTouch de Philips
  • Video "The Internet of Things and Light beyond Light" de Karl Jónsson
  • Video Iluminación urbana Buenos Aires

Carla Sologuren

Diseñadora industrial. Visitante recurrente de museos y galerías. Adicta al cine. Amante de la danza contemporánea. Cree en el Karma, pero también en la evolución humana y en que todo puede mejorar.
carlasologuren@bajoprisma.com

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